Oaxaca, producto de dos culturas

Oaxaca es una imagen, producto del choque de dos culturas, la mesoamericana y la occidental

*Cuauhtémoc y Cortés dos pilares de la mexicanidad.

*Oaxaca es un estilo de cultura

Esencialmente transferible, la cultura no es excluyente, aunque sea susceptible de apropiación por todo aquel que se sienta habitado por ella, confirmándole en su vida personal. Conocimientos que flotan en nuestro ser y se deslizan sin dejar ningún sentimiento no forman cultura. Otros, por el contrario, penetran en nuestro interior, se ligan a nuestros recuerdos, conceptos, visiones, y pasiones, integrando nuestro yo psicológico. Hasta se podría decir que se hacen, en nosotros, carne y sangre, vida y espíritu. Los transformamos y nos transforman.

La cultura responde a un anhelo fundamental de la naturaleza humana, pero es obra del espíritu y de la libertad, agregando sus esfuerzos al de la naturaleza. Cultura es plenitud vital específicamente humana: actividades especulativas y actividades prácticas (éticas y artísticas) engranadas al tiempo y a sus vicisitudes. Trátese, con seguimiento de algo específicamente humano, y como tal, perecedero. La vida humana, desarrollándose según sus peculiares modos de ser, comprendiendo la producción y utilización de objetivaciones culturales, es también y de manera eminente, cultura. No hay que olvidar que en el dinamismo y fluencia de la vida se fraguan en el interior de un sujeto, el libro y la sinfonía, la catedra y la herramienta consciente o parcialmente inconsciente, el proceso de creación cultural radicado en la capacidad objetiva del hombre va desde la primera incitación o germinación hasta que el objeto ingresa con vida independiente y propia en el mundo de la cultura.

Oaxaca una ciudad cultural, en este siglo XXI. 

Si por una parte el hombre crea la cultura, por la otra, la cultura lo va configurando a él. Piénsese en lo que significa en la vida de cada cual, el lenguaje, la religión, el derecho, el arte, la técnica… gracias a estas realidades realizamos íntegramente nuestra propia índole, acrecentamos y fortalecemos nuestra vida interior, cumplimos nuestro destino natural. El hombre coloniza la naturaleza, adapta a sus propias tendencias fundamentales.

La cultura es “el mundo de las intencionalidades objetivas”. Todas las ciencias son bienes culturales; pero no todas las ciencias son ciencias culturales. Sobre el mundo natural dado, el hombre construye un mundo histórico. En este mundo están ubicados los procesos culturales que tienen como fundamento la libertad. El hombre reacciona ante los estímulos naturales en concreción y actualización de su libertad. Por eso hay cultura. En cada una de esas reacciones se configura una síntesis consciente y libre. En este sentido cabe decir que la cultura es hija del poder del espíritu.

Oaxaca es una imagen, producto del choque de dos culturas, la mesoamericana y la occidental; Cuauhtémoc y Cortés dos pilares de la mexicanidad. Oaxaca muestra generosa su vocación histórica: imperio del espíritu frente al imperio de su arquitectura.

Oaxaca es un estilo de cultura y hablo del estilo como estructura de una identidad básica, como comunidad de carácter, en fin de su idiosincrasia. Oaxaca, como todo estado, es una sociedad natural humana, forjada por su historia, consuetudinaria e idiomática; perfeccionada por una comunidad de vida y de conciencia social, más cuando los vínculos de nuestra comunidad  de vida se relajen, cuando a nuestra conciencia social se anteponga el poder mezquino o cuando los oaxaqueños (amantes del barroquismo, no como mera profusión de volutas, roleos y otros adornos en que predomina la línea curva, sino como apasionada abundancia de formas, apoteosis de valores personales, horror al vacío, patetismo vital trascendente) no equivoquemos nuestro destino, alcen su voz oaxaqueña e indiquen nuevamente el rumbo del amor por lo bello, Pathos Estético, hagamos de Oaxaca una ciudad cultural, en este siglo XXI. 

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